“Sweet Country”: El nacimiento de una nación

El mundo es vasto, extenso. El comportamiento del hombre es, desgraciadamente, mezquino y repetitivo, no importa el continente en el que nos encontremos. La historia (verdadera) que se relata en la bella “Sweet Country” podría haber ocurrido en el desierto norteamericano o en las selvas amazónicas. En todos estos escenarios, se trata de la explotación ( cuando no del exterminio) de las razas autóctonas a manos del prepotente hombre blanco. Presuntamente civilizado, y mas poderoso ( en armas), adueñándose, en nombre de una patria o de una corona, de un territorio que explotará y cuyo legado es dudoso. Eso si, luego se celebran fiestas y conmemoraciones, como si se les hubiera hecho un favor a los invadidos por haberlos “evangelizado”.

Es poco el cine que nos llega de Australia. Hollywood ha reclutado un buen numero de actores y actrices que han nacido o se han criado en esas tierras: Nicole Kidman, Russell Crowe, Mel Gibson, Guy Pearce, Hugh Jackman…Entre las películas mas conocidas podemos rescatar Las Aventuras de Priscilla, Reina del desierto, Gallipolli, Mad Max, El año que vivimos peligrosamente, Despertar en el infierno…en muchas de ellas, la fascinante geografía de aquel inmenso país ha ejercicio como elemento sustancial de la trama. Ahora, el anteriormente documentalista Warwick Thornton echa mano de un suceso ocurrido en 1929 para contar la historia de Sam, un aborigen que tendrá que emprender una huida con su mujer por cometer un delito en el que los prejuicios raciales pesan mas que las circunstancias en el que hecho tiene lugar.

Presentada en el Festiva de Venecia de 1929, donde ganó el Premio Especial del Jurado, la película tiene totalmente el perfil de western: desiertos, ranchos, pueblos con su cantina…el paisaje es el protagonista, y por él se mueven personajes curtidos por el sol, sucios y harapientos; el hombre autóctono de la tierra, el aborigen, y el extranjero, el hombre blanco, que arrastra de sus países de origen las peores costumbres: la incultura, la prepotencia y la idea de superioridad, de que solo dominando al invadido puede hacerse respetar. Thornton, no obstante, no refleja un sistema de esclavitud total, pues hay ( algunos) hombres que defienden la igualdad de las razas, aunque apoyándose en un fervor religioso desmedido ( seria deseable que uno fuera bueno por si mismo, no por que se lo diga Dios). Y ademas, justifica muchos comportamientos apoyándolos en un pasado traumático ( la sombra del sufrimiento generado por las luchas en la Gran Guerra). Pero en su mayoría, el racismo domina el ambiente que se vive en las tierras del interior de Australia donde transcurre la acción.

Racismo y, por supuesto, machismo. Las mujeres del film tienen escaso dialogo, incluso hay algunos personajes que tardan mucho tiempo en pronunciar una sola palabra. Por desgracia, siempre ubicadas en la parte baja del escalafón.

A pesar de la desigualdad de poderes, los aborígenes tienen las de ganar en inteligencia y conocimiento de su entorno. El que viene de fuera tendrá armas pero nunca podrá vencer al nativo pues no es su territorio.

Hay un cierto respeto, no obstante, al orden establecido. La persecución que se inicia no tiene por objetivo un linchamiento, sino llevar ante el juez al perseguido y someterlo a un juicio. Un acto sin abogados, público, casi un espectáculo ( se pasa de ver una película muda proyectada en una sabana blanca a presenciar un acto judicial como si ambos fueran una ficción), pero, independientemente de su actitud racista e inculta, prima el orden. Al menos en principio. Pues no debemos olvidar, como dice el propio director, que Australia fue construida por ladrones y asesinos.

Thornton aplica su estilo propio y cuenta la historia, primero despojándola de banda sonora musical, dando primacía a los ruidos ambientales: el sonido de los caballos cabalgando, o el silencio de los que huyen. En segundo lugar, hace un uso personal del concepto tiempo, dando saltos temporales, o insertando en la trama imágenes de los personajes en situaciones quizás ya acaecidas en el pasado o que puede que todavía no hayan tenido lugar. Así construye un rompecabezas, en principio desconcertante, cuyas piezas irán encajando a medida que transcurre la acción. El espectador acaba dándose cuenta de que ningún plano es gratuito y que todos ellos tendrán su explicación. Y finalmente, Thornton hace uso del fuera de plano, mostrando un objeto mientras está sucediendo una pelea o oscureciendo la imagen para evitar ofrecer algo que el espectador sabe que esta ocurriendo.

Veteranos actores australianos protagonizan la película junto a otros desconocidos para el publico español. Sam Neil, visto en la saga Jurassic Park o en la serie Peaky Blinders, y Bryan Brown, que conocimos en los 80 por FX, efectos mortales, son los rostros mas conocidos. El verdadero protagonista es, sin embargo, Hamilton Morris, que encarna a Sam, el aborigen, con naturalidad y serenidad.

El propio Thornton, junto a Dilan River, se encarga de la fotografía, gran protagonista del film, que pasa de los ranchos y los puebluchos a plasmar las montañas, las tribus aborígenes y las inmensas llanuras desérticas que casi ciegan la vista por el reflejo de la luz del sol.

En suma, un nuevo acercamiento al cine australiano mas auténtico, a su pasado reciente, a su cultura y a su paisaje. Una historia que se ha repetido cientos de veces en la Historia del Hombre y que puede dejar una sensación de ya vista. Sin embargo merece la pena porque recorremos un territorio que no solemos visitar en el cine, el espectacular paisaje australiano, y conocer su cultura, sus nativos y su historia más próxima. Una notable experiencia.

Texto: Luis Arrechea.

LO MEJOR: La alucinógena escena del desierto. El inesperado final

LO PEOR: La parte del juicio alargarse un tanto.

VALORACIÓN:

Fotografía: 8,5

Interpretaciones : 7,5

Dirección: 7,5

Guión: 7,5

Satisfacción: 7

NOTA FINAL: 7,5