‘Sin rodeos’: No quiero más dramas en mi vida

Hay una cantinela que acompaña a muchos españoles que se niegan en redondo a ver cine español. Primero, y esto se arrastra desde la década de los 80, que las películas españolas siempre están hablando de la Guerra Civil. Falso, nuestra industria ha sabido evolucionar en los últimos años y no solo hace dramas sino que abarca géneros tan diversos como el terror, la animación y sobre todo la comedia. Y la segunda letanía es aquella que defiende que no se va al cine para ver desgracias sino para entretenerse. Y de esto ha tomado buena nota Santiago Segura que se aleja por primera vez de la saga Torrente para dirigir esta comedia costumbrista, blanca y sin pretensiones cuya sola intención es hacer pasar un rato entretenido. Bueno, quizás habría sido deseable algo mas de ambición.

Paz es una buena chica a la que le falta arrojo para enfrentarse a los demás. Durante su vida diaria tiene que soportar el egoísmo, la mala educación y las injusticias de la gente que le rodea. Pero todo tiene un limite y Paz descubrirá una parte de si misma hasta ahora desconocida, que parece haberse apoderado de su cuerpo y que no puede controlar.

El año pasado Alex de la Iglesia triunfaba con la adaptación de una exitosa película italiana no estrenada en nuestras pantallas: Perfectos desconocidos. El director vasco extraía oro de esta historia de secretos y mentiras que tenia el móvil y las nuevas tecnologías como punto de referencia. Segura, junto a Marta González de Vega y Benigno López, adapta aquí la película chilena “Sin filtro”, en la que también ocupa un papel crucial la influencia en nuestra sociedad de la cultura del móvil y las redes sociales. Aquí se remarca la parte negativa del progreso y se adereza con un ingrediente típico de la comedia: la exageración. Vivimos en una sociedad que prima la juventud, la imagen, las ideas rápidas y poco trabajadas, una cultura que prefiere comunicarse por whastup antes que enfrentarse al cara a cara. Una sociedad egoísta que vive rápido y que se mira el ombligo antes que pensar en los demás. Todo esto cae sobre la protagonista como un cubo de agua fría en una primera parte excesiva por lo recargada, por el exceso de patadas en el culo que tiene que sufrir y por lo mucho que se alarga la trama en este segmento.

La segunda parte, que como digo tarda en llegar, satisface los deseos de los espectadores pues la protagonista reacciona tal y como esperamos de ella. En realidad, Sin rodeos, es una película que se escribe sola, que no alberga sorpresas, y en la que todo pasa como se espera que pase. Es más, todo esta en el trailer, así que si han tenido la mala suerte de verlo o no han podido huir de él, no descubrirán nada nuevo.

Hace unos años tuve la oportunidad de asistir al estreno de la comedia musical Mamma mía. Me pareció muy curiosa la estrategia que empleaban sus autores para que el público abandonase la sala con la sensación de haber visto un buen producto. La estupenda banda sonora de canciones de Abba se completaba con un mediocre argumento. La película protagonizada años después por Meryl Streep añadía los bellos escenarios griegos a esta sucesión de bailes y saltitos. En ambos casos, al final, todo el reparto interpretaba el mítico Waterloo ataviados con las ropas setenteras del famoso grupo musical y ponía al publico en pie. Algo parecido hace Segura en esta película para que el espectador se vaya a casa con cierto subidón y buen rollo, táctica usada recientemente hasta la saciedad, aunque he de reconocer que es casi la mejor parte de la película.

Ojo, que la película es entretenida, incluso se presta a soltar alguna carcajada, dura 87 minutos y no da tiempo para aburrirte. Pero seria deseable que Segura, sin traspasar los limites de su alter ego Torrente, hubiera arriesgado mas. Un poco de mala leche no habría venido nada mal. Incluso pulir el guion y justificar mas las razones del repentino cambio de comportamiento de la protagonista.

Maribel Verdu ha llegado a alcanzar ese estatus de actriz bien valorada que borda todos aquellos retos a los que se enfrenta. Se muestra mucho mas segura en la segunda mitad del film y algo mas errática en la parte primera. Junto a ella un buen plantel de actores bregados en la comedia como Cristina Castaño, Diego Martín o Candela Peña que con un par de escenas se hace dueña de la función. También aparecen una serie de personajes televisivos clásicos (El Gran Wyoming, Florentino Fernández) y otros de reciente fama adquirida (Cristina Pedroche, David Guapo) que asumen sus papeles con mas o menos acierto y oficio.

Roque Baños, lanzado en los últimos años al cine internacional ( hemos podido escuchar recientemente su score para “El pasajero”) pone el piloto automático con una composición un tanto decepcionante, más propia de una serie de comedia de situación televisiva. Próximamente escucharemos sus trabajos en proyectos mas ambiciosos como “El hombre que mató a Don Quijote” de Terry Gilliam.

En resumidas cuentas, la dosis de comedia española para el final del invierno, un producto simpático, con una competente Maribel Verdu como dueña absoluta de la función, y un Santiago Segura al que cabria haber exigido un par de vueltas mas a un guion correcto pero insuficiente.

Texto: Luis Arrechea.

LO MEJOR: Candela Peña, desatada. Los títulos de crédito finales, ya vistos hasta la saciedad en el cine reciente, pero que dan buen rollo. Un subidón.

LO PEOR: La primera parte se alarga excesivamente y la segunda, la importante y mas potente, no esta suficientemente desarrollada.

VALORACIÓN:

Fotografía: 6,5

Banda Sonora: 5

Interpretaciones : 7

Dirección: 6

Guión: 5,5

Satisfacción: 6

NOTA FINAL: 6