‘París puede esperar’: Carreteras secundarias

Me pregunto si el espectador del año 1939 o el del año 1959, que acudía al cine a ver joyas como “Lo que el viento se llevó”, “La diligencia”, “Con la muerte en los talones” o “Con faldas y a lo loco” salía del cine diciendo cosas como “ esta bien la peli, si no esperas nada extraordinario”. U otras como “ me la esperaba peor pero se puede ver”. Es decir, esas condiciones o excusas que uno se pone para valorar una película en función del estado anímico, o de la época del año o la comparativa con otros títulos de la cartelera. Las películas si son buenas no valen las coartadas. Ahora bien, si tienes la suerte de ser estrenada en un fin de semana donde tus competidores son engendros como “los vigilantes de la playa”, esta claro que por muy normalita o poco ambiciosa que sea tu película, sales ganando por comparación.

Directores, guionistas, productores, actores y actrices, compositores, documentalistas…. hablar de la saga de los Coppola es hablar de todo esto y mucho más. Un familia provista de miembros que han dado lo mejor ( y a veces lo peor, pienso en Nicolas) a la reciente Historia del Cine. A la espera de que en unas semanas se estrene en nuestras pantallas “La seducción”, que le ha valido a Sofia Coppola la ilustre distinción de ganar el premio a la Mejor Dirección en el último Festival de Cannes, llega a España la primera película de ficción de su madre, Eleanor, una joven de 81 años que abandona su faceta de documentalista ( a ella se debe el extraordinario Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse) para contar una historia que seguro tiene algo ( o mucho) de autobiográfica.

Precisamente es en el Festival de Cannes de 2016, con la imagen de Ingrid Bergman en los carteles, donde se inicia esta historia en la que vemos a Anne, la mujer de un productor americano de éxito, que se ve viajando a París en automóvil con el socio francés de su marido en un viejo coche. Lo que debía ser un trayecto rápido se convierte en un relajado tour por tierras de la Provenza en la que, aparte de gozar de los monumentos y las delicias gastronómicas de los pueblos por los que pasan, la americana hará una especie de revisión de vida y del estado actual de su matrimonio.

Esta historia podría ser perfectamente un segmento de la obra maestra de Stanley Donen “Dos en la carretera”, aunque la comparación se queda en el viaje en coche. Ni por asomo París puede esperar llega a la profundidad y trascendencia de aquella. Porque aunque entre iglesias, platos y vinos haya momentos en los que los protagonistas cuenten cosas de su vida, momentos tristes o decisivos, o elucubren sobre su estado vital actual y a donde se dirigen ( sobre todo ella), todo es muy superficial y lo que predomina es la sensación de estar a bordo de un todo incluido turístico y gastronómico que invita al relajo y a contemplar el paisaje. Si uno acepta ver el film desde ese punto de pista, sin esperar algo intenso, y se abandona a la belleza serena de Diane Lane y del paisaje francés, la experiencia es positiva. Si no, quizás salga enojado de la sala.

La película juega con los estereotipos de franceses y norteamericanos pasados por la perspectiva de Hollywood. El francés es encantador, culto, de mentalidad abierta, seductor, un punto pícaro y vividor, que da en el clavo en su inquisitivas preguntas a la americana, que, por supuesto, es tradicional, aunque en este caso, y tratándose de la maravillosa Diane, se presenta como una mujer culta, abierta a nuevas experiencias ( culinarias, en principio), con inquietudes artísticas y ávida de cultura y sensaciones. Esta road movie para pijos, dicho con cariño, cumple aunque muy minimamente su función de viaje iniciático, de revisión de vida, y al final todo es muy inocente si bien el final abierto, resulta, en cierta medida, esperanzador.

Que tratándose de una Coppola se le podía haber exigido más? Pues si. O no. No todos tienen por qué ser genios. Y da la sensación de que Eleanor Coppola se ha concedido un capricho y que quizás no desarrolle mucho más esta faceta. Se puede decir que aprueba justito. Se nota cierto ritmo moroso, como si no tuviera prisa por entrar en materia. Pero que quieren que les diga, yo disfrute de su trabajo y creo que no procede devanarse los sesos por lo que debería haber sido y no fue.

Y una vez mas me refiero a la maravillosa Diane Lane como un plus en el visionado de esta película. Amiga de la familia, musa de Francis Ford cuando era una joven de 18 años en films como Rebeldes o Cotton Club, desarrollo después una carrera un tanto errática que hizo que perdiéramos su pista. Hasta que films como La tormenta perfecta y, sobre todo, Infiel, hizo que la redescubireramos y desde entonces su presencia en cualquier film le hace subir puntos. Su madurez, su belleza, su talento, está perfecta como la abnegada y enamorada mujer que de pronto tiene ante si unos manjares que quizás le apetezca probar. Su paternaire es el desconocido para el público español Arnaud Viard, que aporta encanto y misterio a su personaje, y es curioso como la mayor parte del tiempo contempla como disfruta su compañera americana como si fuera un guía contratado para acompañarla mas que un compañero de viaje. El tercero en discordia es Alec Baldwin, también un veterano actor que en su madurez ha alcanzado el prestigio y su privilegiada posición como secundario de lujo en series y largos.

Eleanor ha echado mano de viejos colegas de su marido ( y de su hija) como la diseñadora de vestuario Milena Canonero. La exquisita fotografia ( con esa luz era dificil que los planos salieran mal) la pone la francesa Crystel Fournier. La musica original de Laura karpman no me parece muy adecuada en algunos momentos pero se compensa con los temas que la pareja escuchan en el ipod del coche.

En resumidas cuentas, un film de postales, como hojear una guía de Francia en la que han puesto las mejores estampas, para disfrutar sin expectativas, sin exigencias, parca en ambiciones, una road movie para ver y olvidar. Quizás en el momento que la vi estaba con la guardia baja pero muchas veces hay que saber adaptarse a lo que te ofrecen y apreciarlo como tal.

Texto: Luis Arrechea.

LO MEJOR: Una vez más, Diane Lane.

LO PEOR: La deficiente banda sonora. Su escasa ambición. Los tópicos de los americanos sobre los europeos. Que no arriesgue más.

VALORACIÓN:

Fotografía: 7

Banda Sonora: 6

Interpretaciones: 7,5

Dirección: 6

Guión: 6

Satisfacción: 6,5

NOTA FINAL: 6,3

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