‘Los últimos días del artista: Afterimage’: Lobotomizando el arte

No se lleven a engaños. La tendencia del cine veraniego del año 2017 no son ni los guardianes de la galaxias, ni los vigilantes de la playa (ni antes ni ahora), ni siquiera la ensalzada a los altares Wonder Woman. No, este verano se llevan los biopics de artistas europeos del siglo XX. En menos de 40 días se han estrenado 4 películas de este género. A saber, “Paula”, sobre la pintora impresionista alemana Paula Becker; “Maudie”, excelente retrato de la pintora canadiense Maud Lewis; “Tom of Finland”, interesante biopic del dibujante fines Touko Karukoski cuyas osadas postales están en el germen del movimiento gay de los años 70. Y finalmente la que nos ocupa. La obra póstuma del director polaco Andrzej Wajda, fallecido el pasado 9 de octubre de 2016 después de más de 60 años de carrera.

Para cerrar su filmografia, Wajda ha escogido un relato de lucha y principios. Mas que una biografía, el director nos cuenta los últimos años de vida de un prestigioso y controvertido pintor polaco. Wladyslaw Strzeminski fue uno de los grandes pintores de los años 40. Profesor en la Escuela de Bellas Artes de Lodz y fundador del Museo de Arte Moderno, se rebeló contra el sistema y fue un defensor a ultranza del arte abstracto en unos tiempos en los que la invasión comunista posterior a la Segunda Guerra Mundial abogaba e imponía un concepto del arte al servicio de sus filosofías políticas.

La primera escena del film es una escena campestre, luminosa, llena de vida, que plasma la esencia del arte y espíritu de este personaje. Desprovisto de una pierna y un brazo ( no queda del todo claro en el film la razón de esa pérdida), lo vemos descender una colina rodando sobre su propio cuerpo, seguido de sus incondicionales alumnos. Hasta aquí la alegría. A partir de aquí, entra en su vida la intolerancia, hermetismo y sinsentido de las dictaduras. Da igual que hablemos de nazismo o de dictadura comunista. La cultura hay que erradicarla o controlarla. Por ello, esta imagen idílica sera de las pocas veces que veamos al artista sonreír. De pronto, una potente luz roja invadirá su vida e intentar rasgarla para que entre la luz natural será el punto del partida de la pesadilla.

El subtitulo “afterimage” hace referencia a una de las teorías del artista sobre el sentido de su obra. Viene a referirse a la mirada que cada uno tenemos de un paisaje o de un objeto, las imágenes residuales que quedan en nuestra memoria y que luego cada uno plasma según su entender, las ilusiones ópticas que quedan en nuestros párpados. Aunque Strzeminski defendía en los años 30 un uso del arte como expresión de su tiempo, la situación política en Polonia con los comunistas le hizo cambiar su criterio. Destaca su férrea lucha hasta el final frente al sinsentido. A pesar de sus esfuerzos, el gobierno intentó borrar su memoria, como si su paso por el arte y la vida de Polonia nunca se hubiese producido. Esas profundas convicciones también tuvieron su lado negativo, como se refleja en el abandono de sus obligaciones familiares al colocar su trabajo en primer termino.

Hay que resaltar la belleza plástica que envuelve toda la película, sobre todo en lo referente a las actividades artísticas de Strzeminski ( al que por cierto, el Museo Reina Sofía de Madrid dedica una exposición hasta el 18 de septiembre de 2017). Las escenas con sus alumnos y aquellas en las que defiende su trabajo son también muy estimulantes para un espectador que no quiere que se lo den todo masticado.

Wajda plasma en su ultima obra escenas de gran potencia visual como la que sucede con un retrato de Stalin, la del pintor con un plato de sopa, o la escena con los maniquíes. Antiguo militante del partido comunista, el director parece querer decir la ultima palabra sobre ese periodo de la historia polaca.

El rostro de Strzeminski es el del actor Boguslaw Linda, que aporta la mirada y el aspecto desaliñado a este artista tullido lleno de fuerza para luchar contra la injusticia, que transmite a sus alumnos ideas, visiones e ilusiones a pesar de su tono serio. Merece destacar el papel realizado por la joven Bronislawa Zamachowska, que encarna a su hija, una chica de mirada seria, triste, un futuro cachorro bolchevique, pero admiradora y apoyo del trabajo de su padre a pesar de pagar las consecuencias de su manera de ser.

Una delicada pieza del fallecido director para todos aquellos que quieran seguir conociendo mas cosas de la recentísima historia de esta cambiante Europa, de ritmo sereno lejos de montajes frenéticos, en la que importa la esencia del mensaje, la defensa de los ideales y de la libertad para plasmarlos frente a las intolerancias de los opresores. La cultura es poder, y eso no gusta a quienes nos gobiernan.

Texto: Luis Arrechea.

LO MEJOR: La fácil comprensión de lo que se nos cuenta. La dos escenas finales de padre e hija.

LO PEOR: La impotencia que genera en el espectador.

VALORACIÓN

Fotografía: 7,5

Banda Sonora; 7

Interpretación: 7,5

Guión: 7

Dirección: 8

Satisfacción Personal: 7,5

Nota Final: 7,41