‘La enfermedad del domingo’: El pasado y los enigmas familiares

 

En lo que llevamos de siglo el cine español ha sabido renovarse, buscando historias diferentes en géneros muy diversos, y ese éxito en gran parte es por la aparición de unos nuevos directores y guionistas que han sacado adelante proyectos personales, en algunos casos son cineastas de mayor éxito por su participación en producciones de mayor presupuesto y en otros casos, la mayoría, en películas más independientes, y uno de esos casos es el del director y guionista malagueño Ramón Salazar, cuya corta filmografía como cineasta tiene unas películas muy bien trabajadas y con un sello propio, a lo que podemos unir unos trabajos interpretativos muy secundarios, además de los guiones para sus películas ha sido el responsable de dos cintas de gran éxito en taquilla dirigidas a un público adolescente ( “Tres metros sobre el cielo ( 2010 )” y “Tengo ganas de ti ( 2012 )”, de las que no puedo opinar porque no he visto ). Su primer trabajo como director fue en 1999 con “Los hongos“, que rodó con 26 años, y que obtuvo los premios al mejor cortometraje en los festivales de Málaga y Gijón. Su anterior trabajo “10.000 noches en ninguna parte ( 2013 )” es un claro ejemplo del talento del director español, y esa película que pasó desapercibida en su estreno comercial, durando únicamente dos semanas en los cines Renoir de Madrid, curiosamente en la primavera de 2014 cuando la cinta ya había conseguido una candidatura a los premios Goya ( la de actriz de reparto para Susi Sánchez ) cuya gala se celebró unos meses antes. Su cuarto trabajo llega en un mal momento, en plena temporada de premios norteamericana, pero tiene una explicación y es que la productora ha conseguido que la película formara parte de la sección Panorama del festival de cine de Berlín celebrado entre el 15 y el 25 de Febrero, y ha decidido exhibir la película en las salas españolas justo al terminar la Berlinale pensando que podía venderse como la ganadora de algún premio, cosa que no ha sucedido. En el pasado festival de cine de Gijón se proyectó el cortometraje “El domingo”, que sirve como prólogo para esta película, y que pude ver en ese programa cuádruple de cortometrajes que contó entre otros con la presencia de Ramón Salazar, y en su momento no comprendí el cortometraje, pero una vez vista la película comprendes lo que intenta explicar en esos pocos minutos, y que sería ideal poder ver antes de “La enfermedad del domingo”, para poder ver en imágenes algunos asuntos que se debaten en esta película.

He conectado con la película desde el principio y logró emocionarme en algunos momentos, gracias al acierto a la hora de desvelar los enigmas planteados, al trabajo interpretativo de las dos protagonistas ( ninguna es secundaria, lo mismo que sucede en al caso de Darín y Cámara en “Truman ( 2015 )” ) y al trabajo del propio Ramón Salazar a la hora de filmar las imágenes de manera que crea una mayor incertidumbre y angustia por la cercanía a los personajes y su carácter opresor, del que se libera cuando es necesario y ofrecer una mayor amplitud de campo. El director estaba empeñado en contar con Susi Sánchez, con la que ya trabajó en su anterior película, aunque en aquella ocasión en un papel secundario, y la actriz valenciana ha estado presente en el rodaje desde el principio, a diferencia de Bárbara Lennie que por motivos de agenda o estuvo presente todos los días que duró el rodaje de la película. Ambas lo hacen muy bien, y sin su presencia el proyecto no funcionaría tan bien. La primera interpreta a Anabel, una mujer de clase alta casada con un empresario ( Bernabé, con una breve pero intensa interpretación por parte de Miguel Ángel Solá ) y que tiene un pasado oscuro que conoceremos en la primera parte de la película. La veterana actriz española está irreconocible a nivel físico gracias al trabajo de maquillaje de Ainhoa Eskisabel y de peluquería por parte de Sergio Pérez, y aunque me quedo con el trabajo interpretativo de su compañera de reparto, Susi Sánchez realiza una buena actuación, sin ser la mejor de su carrera.

Bárbara Lennie no deja de sorprendernos, y después de un trabajo no gana cerrado en la película argentina “Una especie de familia ( 2016 )”, vuelve a realizar una composición interpretativa en donde se expone físicamente y sabe mantener el tipo en las escenas más dramáticas, cundo la cámara se mantiene fija en su rostro. Su personaje de Chiara, una mujer de 43 años con la que se identificarán los espectadores, y que es directa e irónica. Un acierto la elección de esas dos grandes actrices, que son clave en el buen funcionamiento del proyecto, que además hablan muy bien el francés, teniendo en cuenta que gran parte de la película se desarrolla en una pequeña localidad francesa cercana a la frontera española. Además de Miguel Ángel Solá, citado anteriormente, destacan el veterano Richard Bohringer, doble ganador del premio César, en una única escena en la parte final, y la joven Greta Fernández como Greta, la hija de Anabel y Bernabé.

A destacar la fotografía de Ricardo de Gracia, que sabe mantener muy bien la cámara fija en las escenas de más intensidad dramática, y que sabe jugar muy bien con la luz en las escenas nocturnas en esa casa en medio del bosque situado en el Pirineo francés, en concreto en la localidad de Prats-de-Mollo-la-Preste. Otro aspecto positivo es el diseño de vestuario a cargo de Clara Bilbao, doble ganadora del Goya en esa categoría, lo que se pone de manifiesto en la fiesta inicial con esos trajes elegantes y con una gran variedad de colores, y que contrasta con las vestimentas más austeras de los vecinos de esa bella localidad francesa. La música está ausente durante casi todo el metraje para buscar ese realismo del sonido de la naturaleza, y por lo tanto el trabajo de Nico Casal está ausente salvo dos momentos resaltan alguna situación dramática, y a lo largo del metraje podemos escuchar dos canciones insertadas en el momento preciso, una de ellas el “99 Luftballons” del grupo alemán Nena. Un gran final que cierra de manera perfecta el relato, y justo antes el director nos regala una escena con las protagonistas disfrutando o sufriendo en una especie de montaña rusa. Una película recomendable a los aficionados a los dramas europeos independientes, y a los que han podido ver los anteriores trabajos del director malagueño.

Texto: Guillermo Navarro.

LO MEJOR: La actuación de sus protagonistas. La fotografía.
LO PEOR: Pasará desapercibida en una cartelera con películas nominadas al Óscar.

VALORACIÓN:

Fotografía:8
Banda sonora: 6
Guión:7,5
Interpretación:8
Dirección:7
Satisfacción personal:8

NOTA FINAL: 7,41