“La cámara de Claire”: En la playa sola de día

Está claro que al prolífico director coreano Hong Sang-soo se le quedaron muchas cosas en el tintero o no quedó plenamente satisfecho de su anterior titulo estrenado en nuestras pantallas hace escasos meses, “En la playa sola de noche”. La cámara de Claire podría considerarse una extensión de esta fallida película al tratar temas y recuperar personajes en una maniobra que, lejos de parecer repetitiva, supera en calidad y resultados a aquel titulo. Sang-soo se parece a directores como Woody Allen que planean sobre su propio universo, el del coreano incluso más cerrado si cabe que el del neoyorquino. Sus trabajos recientes parecen ser expiaciones de sus propios pecados o de los remordimientos que le producen sus malas conductas del pasado.

En la cámara de Claire confluyen varios personajes y una profesora francesa aficionada a la fotografía llamada Claire supondrá su nexo de unión. La joven y noble Manhee se encuentra de pronto despedida por su jefa en pleno Festival de Cannes. Las escasas razones para ese despido fulminante pasan por la perdida de la confianza en la empleada y la acusación de falta de honestidad por parte de la empresaria. Poco a poco iremos conociendo los acontecimientos que han provocado ese despido y la francesa Claire, a través de su cámara, pondrá de manifiesto la verdadera naturaleza que se esconde detrás de unos personajes en cambio permanente.

Rodada durante la celebración del famoso Festival, la película nos ofrece una imagen de Cannes completamente distinto al que estamos acostumbrado a ver: las alfombras rojas, el glamour, los periodistas y los actores, los carteles cinematográficos dan paso a playas tranquilas, paseos poco abarrotados, una ciudad que sigue su vida al margen de la invasión mediática. Este es el marco para contar la historia de un triangulo amoroso y un cuarto invitado en forma de hada madrina ( o campanilla, si atendemos al atuendo amarillo de la pequeña y frágil francesa del titulo) relatado de manera original, con las constantes del director presentes pero manejadas de forma mas inteligente y ágil.

De nuevo Sang-soo recurre a plantar la cámara delante de sus actores y acompañarlos en largas conversaciones delante de un café o en la sobremesa de una comida después de haber ingerido grandes cantidades de alcohol. Pero en esta ocasión, las charlas no son pedantes y vacuas, van suministrando las piezas del rompecabezas que encajaran perfectamente hasta ofrecernos un panorama claro de los sucedido a los personajes. El director además asume el riesgo que supone duplicar estos encuentros. Muchas de estas conversaciones se repiten en contenido entre los personajes. Y esto, aunque puede parecer reiterativo ( y por extensión, aburrido y pedante, si tenemos en cuenta además que estamos ante un film de solo 68 minutos), resulta enriquecedor para la comprensión de la trama. Y no solo hablamos de conversaciones, también de situaciones que se repiten a lo largo del film ( el encuentro con el perro, los paseos por la playa), con lo que al final, habremos presenciado una historia circular y llena de espejos que reflejan y duplican las historias y los personajes.

En esta idea, la presencia de Claire y su cámara tiene mucha importancia. Claire hace fotos de los personajes y defiende la idea de que, una vez que te han retratado, ya no eres la misma persona que antes. Este hecho que produce incredulidad e incomprensión, puede tener varios significados: desde el mas evidente, que es que la imagen de la foto permanece pero nosotros seguimos envejeciendo, y el más mágico, y es que un flash de la cámara enfrenta a los personajes con su realidad y provoca cambios leves o radicales en su situación presente.

Por supuesto, recurre también a la elipsis, a los saltos temporales hacia delante y hacia atrás, que obligan al espectador a estar atento para saber si lo que nos cuentan pertenece a un tiempo o a otro. Es curioso pero a veces estos saltos pueden provocar la sensación de irrealidad de lo que estamos viendo, de si ha pasado en realidad o es fantasía de los personajes.

Temas como el adulterio, la mala conciencia, el abuso del alcohol se repiten en La cámara de Claire y supone la plasmación de los remordimientos del propio director derivados de su conducta en la vida real. El reflejo que hace del protagonista masculino, un director coreano aficionado al alcohol, poco fiel, seductor, machista, posesivo, preocupado por cumplir años y, en resumen, asqueado de si mismo, no deja de ser un trasunto del propio Hang-so ( el propio personaje se llama así, So). No es una buena imagen de si mismo la que proyecta el realizador y, por extensión, del los personajes masculinos casi ausentes. Esta claro que prefiere y respeta mas los femeninos; incluso el otro personaje masculino que aparece, el joven que convive en el apartamento con Manhee, es definido como “de facciones femeninas y con un gran corazón de mujer”.

Frente a ese deshecho humano, las mujeres toman el poder de la trama. Tres prototipos distintos: Manhee es la dulce y honesta joven ( a pesar de las acusaciones en su contra) que enamora al espectador ( su reacción al inicio de la película después de ser despedida por su enigmática jefa es revelador de su personalidad). No podemos dudar de ella y deseamos a toda costa que su curriculum quede limpio y pueda salir empoderada al final de la trama. Su jefa nos transmite la imagen de mujer fría, poderosa, acostumbrada a poner los puntos sobre las ies en su vida personal y profesional, pero que, a medida que avanza la historia, revela su debilidad, su humanidad, sus carencias, sus deseos. Y finalmente Claire. Es muy enriquecedor que Sang-soo haya introducido un personaje no asiático en la trama. Claire es una espectadora de un mundo que no parece conocer, con el comportamiento simple e infantil que produce la barrera idiomatica, y a través de la simplicidad de sus preguntas, extrae lo mas intimo de la gente. Con su cámara y su teoría del cambio llega a revolucionar sin querer la aparente estabilidad de sus contertulios.

Tres temas completan esta concisa historia aunque como pueden ver rica en contenido. La idea de la honestidad de la gente, la distinta concepción que cada uno puede tener de lo que es honesto o no. También la idea de funcionar en la vida basándonos en la intuición mas que en la razón. Varios personajes tomas decisiones o imponen criterios apoyándose presuntamente en la intuición, aunque da la sensación de ser una excusa para enmascarar un arrebato o una pataleta. Y finalmente el recurso tan manido y mágico al tiempo del Azar, personas que se van encontrando, complementando y enriqueciendo.

Sang So recurre de nuevo a su musa, la encantadora Min-hee Kim, que aquí ofrece una imagen amable de Manhee, una mujer sensible que tiene que dar un golpe en la mesa y tomar decisiones frente a aquellas personas que parecen haberlo hecho ya por ella. Una reivindicación de la dignidad de la mujer en el ámbito laboral y el sentimental. Jin-Young Jung es So, el director, espejo de quien está detrás de las cámaras, un personaje que no provoca la empatia del espectador y quizás esa sea la pretensión perseguida por Sag-soo, una manera de linchamiento publico y de expiar sus pecados frente a la audiencia ( aunque me temo que seguirá dándole vueltas a sus demonios en el futuro). Mi-hee Chang es Chang Mihee, la estirada jefa defensora de su territorio, mujer poderosa en su ámbito laboral, que el director presenta con respeto, no busca que el espectador la desprecie pues la redime en cierta manera a pesar de que claramente Manhee es la heroína.

Y finalmente esta ELLA, Isabelle Huppert, que pocas veces la habremos visto tan relajada, positiva, juguetona y, quien nos lo iba a decir, humana. Con su ingles con acento francés, su delgadez, sus colores llamativos, y su cámara, compone un personaje que se acercaría al Pepito Grillo de Pinocho, una mujer que haciendo preguntas aparentemente banales e inocentes, nos enfrenta con nuestra propia realidad. La Huppert se relaja y divierte y aguanta con su profesionalidad planos prolongados y silencios comprometedores. Deja por fin de ser una mujer fría y se vuelve cercana.

Con una fotografía luminosa, colorista, que da un tono positivo a la historia, obra de Jinkeun Lee, y una casi ausencia de banda sonora original ( solo una pieza clásica abre y cierra el film, cerrando el circulo inicial), Hong Sang-hoo compone un film aparentemente ligero de corta duración pero, como ven, rico en contenido, una comedia dramática agridulce, bañada en licor de Soju, que da vueltas a sus propias obsesiones y a sus vivencias mas traumáticas, pero impregnando toda la película de un mcguffin de corte casi fantástico: una cámara polaroid que tiene el poder de cambiar a la gente y sus circunstancias. Un entrante rico y ligero que satisface plenamente como una copiosa comida y que nos lleva a preguntarnos si el realizador coreano no debería dotar a todos sus títulos de la misma concisión: todo en 68 minutos.

Texto: Luis Arrechea.

LO MEJOR: La dulzura de Manhee frente al exorcismo y humillación publica del propio director. Disfrutar de una Huppert relajada y juguetona. Una visión de Cannes que podría ser del Soho neoyorquino, muy Allen, con cafés y librerías.

LO PEOR: El peligro de quedar anclado en la misma temática

VALORACIÓN:

Fotografía: 7

Banda Sonora: 7

Interpretaciones : 8

Dirección: 8

Guión: 8

Satisfacción: 8

NOTA FINAL: 7,7