‘En este rincón del mundo’: Poesía en imágenes

Hace tiempo que el jefe Asín me quiere educar cinematográficamente. Sabedor de mis carencias con el anime japonés, insiste en encargarme sus reseñas. Esta semana ha llegado a nuestras pantallas “En este rincón del mundo”, la tercera película de Sunao Katabuchi, (primera que se estrena en España) con el auspicio de la productora Mappa. Como buen polluelo agradezco la intención educativa de Alfonso, pero tengo que confesar que salgo frustrado de las proyecciones. El cine japonés de animación es muy especial y cuenta con un nutrido y fervoroso grupo de seguidores que no permiten que se minusvalore su idolatrado género. Les aseguro que fui a ver esta película con ganas y dispuesto a convertirme en uno de los suyos. Además venía con la vitola del Premio del Jurado en el Festival de Annecy y la nominación a mejor película de animación del Festival de Cine de Gijón, con lo que se daban muchos ingredientes para que aquello fuera el inicio de una gran amistad.

En este rincón del mundo” nos cuenta la historia de Suzu una niña residente en un pueblo pesquero que se ve obligada años después a mudarse a Kore, una pequeña localidad cercana a Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial. Es una historia preciosa, narrada con tono poético y acompañada de una deliciosa banda sonora que hará las delicias de los incondicionales del género. ¡Pero no las mías! ¡Joder! ¡Con las ganas que tenía de que me cautivara!

Pensé que estaba desaprovechando una ocasión que me había servido mi jefe en bandeja de plata y, como siempre, dirigí mis pasos al Callejón para buscar consuelo en un entorno familiar y seguro. Sin embargo, al entrar me quedé de piedra. El Callejón de la Música se había convertido en un escenario de una película de animación japonesa. La fotografía era maravillosa, tengo que confesarlo. La barra, la estantería repleta de botellas, el decorado en general había perdido la dureza de la madera gracias a unos colores nítidos que destacaban sobre unas pinceladas que parecían mecidas por el viento. Decenas de figuras animadas tomaban infusiones orientales, la mayoría sentados en el suelo de un local que parecía un poco más grande al haber apilado las mesas y las sillas en los laterales. En la barra solo estaba Pedro seleccionando una música que sonaba envolvente, relajante, suave. “¿Esto qué es, tío?”, le pregunté. “¿No conoces a Kotringo?”, me contestó. “Es una cantautora japonesa muy buena. Además compone bandas sonoras, Santi. A ti que te gusta tanto el cine…”. “Y tú, ¿qué cojones haces poniendo música japonesa aquí? Anda, ponme un gin tonic y cambia eso. A ver si se va toda esta gente inexpresiva que me siento Bob Hoskins” “¿Cómo dices inexpresiva si son animados?”, me preguntó Pedro que parecía poseído. “Pues eso. Inexpresiva. Yo no sé si están tristes o contentos. Es más, esa pareja que está sentada ahí enfrente” le dije señalando unos dibujos que estaban debajo del televisor, “me ha parecido verlos en la mesa de la entrada cuando he llegado. ¡Me cuesta distinguirlos!” Como vi que no daba mucha credibilidad a mi comentario le dije “Déjame hacer una prueba, por favor. Quita la música y dame el micro”. Sin mucho convencimiento hizo lo que le pedía y tan pronto como comprobé que se me escuchaba empecé a dar instrucciones. “¡Atención, por favor! ¡Dibujos y dibujas animados!” exclamé para captar de inmediato la atención de todos. “¡Necesitamos que todos aquellos que estén alegres vengan a este lado del bar!” En menos de 15 segundos, demostrando la exquisita disciplina nipona, todos los dibujos se trasladaron a la derecha del Callejón dejando completamente vacía la otra mitad del garito. Miré a Pedro que observaba todo con atención pero sin acabar de comprender mis intenciones, así que me volví a dirigir al personal: “¡Y todos aquellos que estén tristes que se trasladen a la izquierda!” De nuevo todos, absolutamente todos, se desplazaron hacia el lugar indicado con rapidez y en seguida vi que Pedro empezaba a entender. “A ver, déjame a mí” y me quitó el micro. “Los que estéis enfadados acercaos a la puerta del baño”. Sin protestas, sin comentarios, sin mostrarse siquiera sorprendidos por la sucesión de instrucciones, la totalidad de los dibujos animados se agolparon junto a los servicios, “¡Lo ves!” dije en tono algo triunfal, “¡No se les distingue! ¡Ni ellos mismos saben si se ríen o lloran! ¡Sabía que no eran cosas mías! Ya me puedo tomar la copa tranquilo.”

Como despertando de una ensoñación, Pedro empezó a poner los hielos mientras sonreía y murmuraba “Eres un genio, Santi. Eres un genio”.

Texto. Santi Abad.

LO MEJOR: La calidad pictórica de todos y cada uno de los fotogramas.

LO PEOR: La duración excesiva y la presentación algo confusa de algunos personajes.

VALORACION:

Banda Sonora: 8

Fotografía: 9

Diseño de personajes: 3

Dirección: 6

Guión: 5

Satisfacción personal: 5

NOTA FINAL: 6