“El taller de escritura”: Largo verano de calas y novelas

Frente al viejo enfrentamiento entre los que buscan en el cine un mero entretenimiento, una vía de escape a la rutina diaria, y aquellos que defienden la idea de que además debe transmitir un mensaje, hablar de la realidad presente o pasada, existe la vía intermedia; aquella que da lo que buscan ambas categorías de espectadores. No hay una semana de estrenos sin que llegue a nuestras pantallas un nuevo titulo de la prolífica cinematografía francesa. Y el de esta semana es el claro ejemplo de cine de entretenimiento pero con un fondo bien nutrido de temas que invitan al debate una vez abandonada la sala.

Hace 10 años que Laurent Cantet ganaba la Palma de Oro del Festival de Cannes con “La Clase”, galardón que no recibía el cine galo desde hacia 22 años. La película era una narración parcialmente autobiográfica de las experiencias de Francois Bégaudeau, autor de la novela en la que se inspira, como profesor de literatura en una escuela secundaria del distrito 20 de París y cuyos alumnos tenían orígenes culturales y nacionales diversos. En 2018 Cantet, junto al guionista Robin Campillo, retoman elementos sociales de aquella película en “El taller de escritura”, la historia de un curso de literatura impartido por una famosa novelista a un grupo de jóvenes en una población costera de la Provenza, cercana a Marsella. Partiendo del objetivo de escribir una novela negra entre todos, el grupo conversará y debatirá sobre el pasado de la población en la que habitan así como de la situación complicada que atraviesa el país en el que residen.

Algo tan aparentemente alejado de la realidad actual como es planificar la escritura de una novela negra es la excusa para que Cantet tome el pulso a la situación actual del país partiendo de un grupo de jóvenes que se encuentran en el filo de la navaja: dejan de ser niños para pasar a ser adultos; están en tiempo de decidir hacia donde orientan sus vidas, qué es aquello que les llena mas y qué rechazan. Empiezan a tener sus opiniones formadas sobre lo que pasa en Francia y en el resto del mundo. Seres, muchos de ellos, con un cierto complejo de inferioridad debido a su origen o su deficiente educación, ignorantes del potencial que tienen oculto. Un grupo de jóvenes de diferentes razas obligados a entenderse bajo la atenta batuta de un adulto que intenta orquestar sin coartar el torrente de ideas enfrentadas que se exponen en este taller.

La película muestra la importante y creciente presencia ( para bien y para mal) de Internet, los vídeos juegos violentos y las redes sociales en la vida de los chavales. La información que reciben sin salir de sus habitaciones puede condicionar su modo de pensar. Los recientes ataques terroristas sufridos en Francia son la chispa que encenderá la polémica entre los escritores noveles. Y la extensión de los pensamientos de ultra derecha ( algo que no es una amenaza sino ya una realidad) a través de las propagandas emitidas por la red pondrá de manifiesto la profunda división que puede existir en la juventud actual.

A propósito del cambio de orientación hacia la derecha, se hace también una reflexión sobre el pasado de la villa donde transcurre la acción: La Ciotat, que conoció un periodo boyante gracias a sus astilleros y con la presencia de un gran movimiento obrero, que luchó por mantenerlos abiertos.

De entre todo el grupo, el que mas destaca es Antoine: no solo por su potencial como posible escritor sino por que se encuentra en ese problemático punto que le puede llevar hacia avanzar en la vida o tomar un camino equivocado. Entre él y la la profesora Olivia se establecerá una relación especial, cercana en ocasiones, enfrentada otras desde pensamientos distintos, una relación turbia también por una posible tensión sexual, pero sobre todo hay un intento de salvación dirigido a alguien que parece pedir ayuda con su comportamiento extremo; sus encuentros ocuparan sobre todo la segunda parte del film, que cuenta con un tramo final peligroso que podría haber lastrado el buen nivel de la cinta pero que Cantet logra salvar de manera satisfactoria.

Marina Fois fue candidata al Cesar a la Mejor Actriz por su interpretación de Olivia, la profesora novelista, un rol sin histrionismos, muy matizado, que observa y analiza a sus alumnos desde el respeto, que se implica con el objetivo de que ese grupo de jóvenes saquen algo de provecho a estas reuniones. El joven Antoine es interpretado por Matthieu Lucir que debuta en el cine y transmite seguridad a este difícil papel. Destaca la buena sintonia entre todos los jóvenes actores; el uso de varias cámaras para la sesión completa (una técnica utilizada ya en La Clase) garantiza que no se pierda ningún detalle de sus interpretaciones.

Los guionistas Cantet y Campillo estuvieron presentes en la misma edición del Festival de Cannes pero fue éste último quien se llevó el gato al agua con “120 pulsaciones por minuto”. En esta colaboración combinan los temas sociales candentes con cierto toque de suspense sobre todo en su tercio final.

Como fotógrafo de cabecera de Robert Guediguian, Pierre Milon es buen conocedor de la luz que impregna la ciudad de Marsella y su costa y aquí traslada a la pantalla toda la luminosidad y el calor del mediterráneo.

El taller de escritura es una muestra mas del buen estado del Cine Francés y de su capacidad para hablar de la situación actual del país y, por extensión, de Europa y del mundo en general, de las bondades y peligros de Internet, de la radicalización, de las expectativas en la vida… de la inseguridad que vivimos dentro del aparente bienestar de la sociedad civilizada, todo ello sobre un grupo clave de población ;: los jóvenes adolescentes.

Texto: Luis Arrechea.

LO MEJOR: Las (largas) conversaciones de los jóvenes en el taller: la buena sintonia entre profesora y alumna.

LO PEOR: Algún giro argumental hacia el final que hacen peligrar los resultados.

VALORACIÓN:

Fotografía: 7

Banda Sonora: 6,5

Interpretaciones : 7,5.

Dirección: 7

Guión: 7

Satisfacción: 7,5

NOTA FINAL: 7,10