‘El sacrificio de un ciervo sagrado’: El equilibrio del universo

Al principio cuesta acostumbrarse. Los personajes que aparecen en la pantalla parecen estar bajo la influencia de un potente calmante. Eso si, son extremadamente educados. Una vez que te adaptas a este universo, hay muchas preguntas, situaciones no muy claras, pero empiezas a interesarte por la trama. De pronto, sin esperarlo, cae la bomba. No sabes la razón o el por qué, pero va a pasar. Y a medida que transcurre el metraje, el interés se transforma en inquietud, quizás en angustia y nerviosismo.

Este fue el proceso que experimenté al visionar la ultima película del realizador griego Yorgo Lanthimos. Ojala muchos de los que la vean puedan pasar por estas fases como yo lo hice. Pero será difícil, el cine de Lanthimos es complicado, árido para conectar con él. Hace dos años lo descubrí en el Festival de Cine de Gijon con “Langosta”, también protagonizada por Colin Farrell, una curiosa distopía sobre un mundo que condena a los seres humanos desparejados a transformarse en el animal que ellos elijan. El sacrificio de un ciervo sagrado es mi segundo contacto con su universo, que se ha completado con el visionado de su película mas valorada, Canino.

En el film que nos ocupa, del que es mejor no saber mucho e ir descubriéndola desde la butaca, se nos cuenta la historia de un prestigioso cardiologo que vive con su mujer, también reputada oftalmóloga, y sus dos hijos. La aparición en la vida de este hombre de una tercera persona irá perturbando sus existencia y la de quienes le rodean hasta limites difícilmente previsibles.

Como he apuntado al inicio de este texto. Hay dos elementos de la obra de Lanthimos que debemos asumir. Primero, la manera de actuar de los personajes y de los actores que los interpretan. Los seres que deambulan por la pantalla parecen sacados de “La invasión de los ladrones de cuerpos”, la mítica película de Don Siegel. Seres carentes de alma, de vida, que entonan sus líneas como si fueran hasta arriba de valium, que pronuncian con el mismo tono las palabras “Te quiero” como “ Te voy a matar”. Ahí que asumirlo de entrada. Y Segundo, en el cine de Lanthimos, las cosas pasan, pero no esperes que te aclaren por qué suceden. Se anuncian e inexorablemente van a ocurrir.

El (largo y sostenido) plano que abre la película es toda una declaración de principios del director para el publico. Una operación a corazón abierto. Quizás sea lo mas vivo que veamos en las dos horas siguientes. Un plano que dura mucho, demasiado, no agradable. Quizás no para todos los estómagos. Como el cine de Lanthimos.

Al igual que sucedía en Canino, en El sacrificio…. la familia es el centro alrededor del cual gira la trama y el patriarca es el responsable de sus peripecias. Se la ha comparado con las tragedias griegas. Yo incluso iría mas atrás, a un pasaje del Antiguo Testamento que no reproduzco pero que identificaran en cuanto vean la película.

La primera parte deja al espectador elucubrar sobre los distintos caminos por los que puede transcurrir la historia. La relación del cardiologo con esa afable e inocente persona puede tener diversos significados. A veces es cordial, otras parece sexual, siempre sentimental. Hay un vinculo que desconocemos. Cuando se revela el porque y sus consecuencias, dejamos las especulaciones y pasamos a ser un miembro mas de esa familia y sufrir las consecuencias.

El tono monocorde de las actuaciones de los personajes pueda hacernos pensar que cualquier mal actor podría participar en el film. Bastaría con reproducir las frases con tono desganado. Pero al contrario, por debajo de esos personajes sin vida luchan por salir unos seres que se esfuerzan por manifestar los sentimientos reales acordes con las situaciones que están viviendo. Y para eso se requieren grandisimos actores. Ademas, aun es mas impactante el tono pues muestra el fatalismo y la asunción de su destino fatal y trágico.

En el entorno de un estilo tan frio y distante, cualquier escena que habria sido corriente en cualquier otra pelicula, aquí acaba destacando. Los encuentros sexuales de los personajes son tan gélidos como los de una operación a corazon abierto; la explosiones de violencia son escasas pero te hacen saltar de la butaca, a veces por inesperadas, otras en cambio por su crueldad. Y nos obsequia con imagenes perturbadoras, como aquellas en las que ciertos personajes se arrastran por el suelo.

Como he dicho, Colin Farrell repite con el griego. Por si fuera poco, el actor cubre su cara con una poblada barba, quedando al final sus ojos como principal vía de expresión, no incrédula, de los acontecimientos que inevitablemente se avecinan. Junto a él, la omnipresente Nicole Kidman saca todo su talento para mostrar con su expresividad las reacciones lógicas ante lo que esta sucediendo en su entorno: curiosidad, desconfianza, duda, rechazo… muchos sentimientos a pesar de la frialdad generalizada de los personajes. Curiosa es la presencia de Alicia Silverstone, que conocimos de adolescente, desaparecida de nuestra vida tras hacer de Batgirl, y ahora convertida ya en una ama de casa cuarentona.

Pero si hay que destacar una actuación es la del joven Barry Keoghan. Quizás no es de lo que mas recordemos de “Dunquerque” pero esta claro que sera lo que mas permanezca en nuestra memoria después de ver “El sacrificio…”. Un rostro no especialmente atractivo, que pasaría desapercibido en cualquier otra ocasión. Tal vez sea la intención del director, poner al mando de la historia a alguien tan anodino pero cuya actuación acaba por helarnos la sangre, porque salvo en un momento concreto, el resto es cordialidad, educación, inocencia…

Hay mucho de Kubrick en esta película y la fotografía del griego Thimios Bakatatakis esta muy inspirada en la obra del director británico. Desde el inicio, el uso de la steady cam que acompaña a los médicos en sus paseos por los largos pasillos del hospital nos recuerda a los paseos de Jack Torrance por las serpenteantes estancias del Hotel Lovejoy en “El resplandor”. El uso de una música estridente, inesperada, carente de sentido fuera del film, que aumenta la tensión y la angustia, también recuerda al titulo basado en la novela de Stephen King. Y el uso de la lentes que amplían la imagen recuerdan mucho a “La naranja mecánica”. La geometría esta presente tanto en la concepción de los encuadres como en las propias relaciones de los personajes, tan frías, tan asépticas.

Yorgos Lanthimos y Efthymis Filippou firman el guion que muy bien podría encuadrarse dentro del genero de terror, aunque sus pretensiones son mas ambiciosas: habla de la Familia como centro de nuestro Universo, de los pecados, de la fatalidad, del destino inexorable que va a acontecer…
Si solo buscan entretenimiento sin complicaciones, esta no es su película. Si por el contrario tienen una personalidad curiosa y entran el Universo y el perverso juego del director griego, pueden que disfruten ( o mejor, lo pasen mal) con este caramelo envenenado que comienza con un sabor suave al principio para acabar explotando en nuestra boca. Amargura, perplejidad, tensión. Al final habrá que elegir o dejarlo en manos del azar.

Texto: Luis Arrechea.

LO MEJOR: Barry Keoghan, un buen chico. La violencia, seca y contundente. La escena previa al final en la sala de estar. Nicole Kidman, reiventandose en cada película.

LO PEOR: No esta hecha para todos los estómagos.

VALORACIÓN:

Fotografía: 8

Banda Sonora: 7,5

Interpretaciones : 9

Dirección: 8

Guión: 8

Satisfacción: 8

NOTA FINAL: 8,1