“El insulto”: La incomunicación entre los seres humanos y los conflictos causados por la religión

 

El cine libanés pocas veces llega a los cines españoles, y en esta ocasión ha llegado gracias a los premios logrados por la película. Se trata del cuarto trabajo en la dirección de largometrajes del asistente de cámara Ziad Doueiri, cuya ópera prima “West Beyrouth” logró varios premios en festivales de prestigio, como el Fipresci en el de Toronto y el premio del público en la Seminci de 1998, y 19 años después de ese éxito relativo logra triunfar micho más, teniendo en cuenta la Copa Volpi al mejor actor para Kamel El Basha en el pasado festival de Venecia y de nuevo el del público en Valladolid, ya que la propuesta fue recibida con aplausos al término de la proyección de público y prensa a la que pude asistir en la 62ª edición de la Seminci ). El colofón a esa carrera exitosa en la temporada d festivales y premios ha sido su candidatura al premio Óscar 2018 en la categoría de película de habla no inglesa, el primero para el Líbano en ese apartado, siendo derrotada por la cinta chilena “Una mujer fantástica”. También logró la nominación en la categoría de película extranjera en los premios David de Donatello, aunque no se llevó el premio que consiguió “Dunkerque” dirigida por Christopher Nolan.

La propuesta tiene un arranque bastante bueno con la presentación de Toni, un cristiano libanés que asiste a un mitin de ese partido político, y posteriormente le vemos en su vida privada junto a su mujer que está embarazada. Es precisamente en el ámbito de su vida familiar en su hogar cuando se produce la escena clave de la película, cuando el protagonista riega las plantas y por el canalón cae agua en la calle mojando a las personas que pasan por debajo, que casualmente uno de ellos es un funcionario del ayuntamiento que está arreglando las calles de ese barrio, llamado Yasser y que es Palestino. El trabajador le recrimina y le comenta que lo mejor sería arreglar el canalón, a los que no accede Toni, pero Yasser decide hacerlo por su cuenta, y cuando el protagonista se da cuenta se produce una airada discusión que terminará con un insulto ( el título de la película ). Después de este gran inicio con un punto de partida tan interesante que provoca una serie de acontecimientos muy bien planteados por el guión, escrito por el director en colaboración con Joelle Touma, la película camina con acierto por los submundos del rencor, el no dar su brazo a torcer por parte de los dos personajes protagonistas, y un odio por motivos religiosos y políticos que lleva muchas décadas en esa zona del mundo por la política y la religión que han sido los desencadenasteis de varias guerras. En lugar de emplear el diálogo y la palabra esos dos ciudadanos de Beirut, la capital del Líbano y ciudad en donde se desarrolla la historia, siguen echándose en cara cosas que a priori no vienen a cuenta con el asunto, y que parecerían menores, pero que son de gran importancia moral cuando entran en juego radicalismos religiosos y asuntos familiares históricos.

La película sirve para poner de manifiesta todos esos problemas tan habituales en la sociedad en el planeta tierra a lo largo de sus más de 2000 años de historia, y que veo difícil que las generaciones posteriores puedan solucionar, sino que esos asuntos cada vez se enquistado más. Esa primera mitad me parece excelente, y en muchos momentos recuerda a las películas dirigidas por Ashgar Farhadi, en donde a partir de una situación poco importante se va formando una bola que deriva en un asunto más grave. La hora final es el juicio por la denuncia de uno de ellos, por el famoso insulto del que no se ha retractado la otra persona, y aunque lo que sucede en ese proceso plantea asuntos interesantes y nos traslada a otras épocas en donde Israel y el Líbano estaban en conflicto bélico, y hay algunos giros bastante inteligentes, la película me parece mucho más convencional y en algunos momentos repetitiva. Puede ser un problema personal, ya que cada vez conecto menos con las películas de juicios, ya que sus conclusiones son predecibles, como sucede en esta ocasión, y los debates me terminó cargando. Como excepción a lo comentado anteriormente me pareció muy acertado la manera de plantear y resolver el litigio en “En la sombra “, la nueva película de Fatih Akin.

Las actuaciones de los dos protagonistas son bastante buenas, y me quedo con el trabajo de Adel Karam, que interpreta a Toni, que con el del actor que da vida a Yasser, Kamel El Basha, curiosamente el premiado en Venecia. También me gustan los trabajos interpretativos de los abogados de ambos. También destaco la recreación de la época por parte de Hussein Baydoun y la música compuesta por el francés Éric Neveux. Una película ideal para un debate posterior, y que pone de manifiesto la incomunicación entre los seres humanos, y los problemas causados por la religión y la política. Es fácil de recomendar, ya que pienso puede gustar bastante al público medio, por ser una película cercana al cine de autor, pero mucho más accesible que otras que nos llegan cada semana a la cartelera española.

Texto: Guillermo Navarro.

LO MEJOR: La media hora inicial. El diseño de producción y las actuaciones d elos dos protagonistas, sobre todo de Adel Karam.
LO PEOR
El juicio termina siendo un poco pesado y repetitivo.


VALORACIÓN:

Fotografía: 6
Banda Sonora: 7
Dirección: 6,5
Guión: 6,5
Actuaciones: 7
Satisfacción: 6

NOTA FINAL: 6,5