‘Custodia compartida’: El terror no tiene forma

 

Decía un profesor que tuve en la Facultad de Derecho que la rama legal que se ocupa de los asuntos familiares (sucesiones, herencias, matrimonios y separaciones) era la parte del Derecho Civil más entretenida, pero también la más triste, pues ponía de manifiesto las miserias humanas y la verdadera condición de los animales racionales, como pomposamente solemos autodenominarnos. La visión de “Custodia compartida”, film con el que Xavier Legrand debuta en el mundo del largometraje, es, en este sentido, una reafirmación de la segunda parte de lo que opinaba mi viejo profesor. Legrand dirigió en 2013 un corto, “Antes que perderlo todo”, nominado a los Oscar, que narraba la historia de Miriam (Léa Drucker), una madre que huye del domicilio familiar con sus dos hijos por miedo a su marido Antoine y al maltrato físico y emocional que sufre por parte de éste. Cuatro años después, el director francés ha retomado la historia de la familia Besson prácticamente donde la dejó y asistimos a una vista oral en la que se está dilucidando la solicitud de la custodia compartida de los hijos del matrimonio que ha realizado el ex marido de Miriam. Las consecuencias que esta importante decisión judicial tendrán sobre la vida de esta madre y sus dos hijos centran el argumento central de esta espléndida película.

Con el arranque de la película mediante la larga escena de vista oral, rodada con una frialdad y equilibrio que sorprenden y pueden llegar a inquietar, Legrand, aparentemente, parece querer tomar distancia en el conflicto. Deja hablar a la juez y a las abogadas de ambas partes. El planteamiento del caso, la exposición del mismo que hace cada una de ellas defendiendo los intereses de sus representados, así como sus preguntas que efectúa la juez, pueden llevar al espectador a plantearse quién tiene razón en este conflicto. Se ha generado una duda respecto a la verdadera personalidad del ex marido de Miriam y sus intenciones que la actitud del juez no ayuda a resolver. Los planos de esta escena mantienen una composición que se asemeja a la popular imagen de la Justicia representada por una balanza, con dos platillos a cada lado y un eje central que los mantiene. De igual modo, a un lado y a otro y de la juez están dispuestos los principales implicados y sus defensores, sin que lleguen a invadir el espacio físico de su contendiente.

Pero todo esto no es más que parte del teatro en el que en muchas ocasiones se mueven los dramas judiciales. Durante la siguiente hora las implicaciones de la decisión de la magistrada en la vida de Miriam y sus hijos, Julien y Jósephine, permitirán a Xavier Legrand tomar partido a favor de éstos, componiendo una denuncia de la violencia de género y de la cuestionable justicia de algunas decisiones de los tribunales. La manera de rodar pausada de Legrand, con una planificación centrada en los personajes, que se traduce en un gran número de primeros planos o planos medios en los que no importa todo lo que no sean los protagonistas de la historia, en los que se desvanece todo lo que está alrededor, consigue crear una historia contada por las miradas fijas y perdidas, las ausencias y los silencios incómodos.

Lógicamente para ello el director y guionista cuenta con unos magníficos intérpretes. Repiten su personaje respecto al corto predecesor tanto Léa Drucker en el papel de Miriam, y a quien hemos visto recientemente en “El buen maestro” (2017) haciendo de hermana del protagonista, como Denis Ménochet como Antoine, el ex marido maltratador, que muchos “tarantinófilos” recordarán por su intervención en “Malditos bastardos” en la impactante escena inicial con Christoph Waltz, o Mathilde Auneveux, como Josephine, la hija mayor. Pero el que se erige en el rey de la función es Thomas Giora, que interpreta a Julien, el hijo pequeño que, de alguna manera, se convertirá en el desencadenante de todos los acontecimientos dramáticos de los últimos veinte minutos. Si durante la comentada escena inicial, podemos albergar alguna duda de las verdaderas intenciones de Antoine, camufladas en un disfraz de padre preocupado por su hijos, todas ellas se disipan en el momento en que Legrand “adopta” el punto de vista del niño. Cuando empezamos a ver la relación paterno filial con los ojos del niño es cuando comienzan a confirmarse nuestras sospechas. Es entonces, cuando la realidad más cercana, cuando lo que nos es familiar empieza a aterrorizarnos, a despertar nuestros temores más ocultos. El duelo interpretativo entre padre e hijo está servido.

Legrand sabe medir y graduar el tempo narrativo de la historia, dejando que ésta transcurra con una tensión soterrada pero latente hasta casi la mitad de la película, cuando, a partir de una conversación en una comida familiar, deja salir el verdadero carácter de un hombre violento y machista. El guión del realizador francés está jalonado de pequeñas tramas que, de manera tangencial, parece que vayan a tener una mayor relevancia final, y que, finalmente resultan ser elementos utilizados por Legrand para incrementar el suspense, como es el caso de la fiesta de cumpleaños de Josephine o la relación de ésta con su novio. Y como ejemplo de ello la versión del “Rolling on the River” (“Proud Mary”) de la Creedence Clearwater Revival a cargo de la propia Josephine durante la fiesta y el plano secuencia previo que elevan el nivel de angustia que se genera en el espectador.

Custodia compartida”, a pesar del tecnicismo que transmite su título en castellano, es una película imprescindible para conocer el grado de penetración que la violencia de género y los maltratos han alcanzado en una sociedad moderna y desarrollada como la francesa o la española, narrada con la técnica de un fabulador de terrores ordinarios.

Texto: Alberto Garrido.

LO MEJOR: La facilidad con que transmite emociones con un plano fijo y la habilidad en el uso del plano secuencia

LO PEOR: Algunas referencias al pasado de la relación de pareja no terminan de explicar cómo han llegado a esa situación.

VALORACIÓN:

Banda sonora: 7

Fotografía: 7

Interpretación: 8

Dirección: 9

Guión: 7,5

Satisfacción: 8

NOTA FINAL: 7,75