‘Baby Driver’: Música, gasolina y balas

 

Se reconoce que la música ha sido un pilar fundamental para descubrir aspectos novedosos e innovadores sobre el hombre. Incluso muchos filósofos han experimentado y afirmado sobre que la música es esencial en la vida de este, aseverando que todo ser humano tiene su música interna. Sabedores del magnetismo que este arte profesa en la gran mayoría de la humanidad merece la pena pararse a pensar en el pensamiento de Jimmy Hendrix “La música es algo espiritual. Puedes hipnotizar a la gente con la música y cuando los tengas en su punto más débil, puedes predicar a sus subconscientes lo que deseas decirles”.

Con esa idea en el subconsciente (¿Les suena el fenómeno ‘Guardianes de la Galaxia’?) el equipo de la TriStar Pictures se puso manos a la obra con el proyecto del británico Edgar Wright (‘Bienvenidos al fin del mundo’) para reunir en un film muchos de los deseos que un público joven -y no tan joven- podría esperar: Un film que aunara el género de atracos (de gran atracción histórica y que sin embargo no los veremos desde dentro), donde los coches y las carreras por la asfaltada Detroit supusieran un gran aliciente adrenalítico (ya saben del desproporcionado éxito de la saga ‘Fast & Furious’) y que incluyera una banda sonora de gran repercusión que recogiera grandes temas (algunos poco oídos) de los 70 y 80 en géneros que transitan entre el blues, soul, funky, rock y pop. Todo ello aderezado con un enorme sentido lúdico, un ritmo endiablado y un reparto destacado que van a provocar seguro que ‘Baby Driver’ va a ser una de las películas del verano y -probablemente- un film que pasará a engrosar la lista de películas de culto para una generación. No sin embargo para mí.

No negaré que me resultó muy llamativo y distraído el conjunto presentado, algo que subyace bajo el absoluto pulso narrativo y el mayúsculo montaje (no entenderé su ausencia en la categoría pertinente en los Oscar) que presenta el envoltorio y que hacen de ‘Baby Driver‘ un film de recomendable consumo y gran espíritu lúdico aunque, y perdónenme, un producto algo inflado por el fan.

Edgar Wright escribe y dirige una película a través de la cual conoceremos a Baby (Ansel Elgort), un joven miembro de una banda de atracadores (liderada por Doc, Kevin Spacey) con la música pegada a los oídos y con una habilidad mayúscula al volante. Una vida a la que parece no quererse aferrar y de la que sin embargo se encuentra esclavo fruto de un incidente pasado. Todo cambiará cuando Baby conoce a Debora (Lily James), una guapa trabajadora de una cafetería con la que sueña con fugarse a ritmo de música…

La película es muy libre en su primera mitad. Puro refresco visual y sonoro con una memorable presentación del protagonista que destaca por su montaje y coreografía (en realidad toda la película es una gran coreografía a ritmo de Ipod) con el “Harlem Shuffle” de Bob & Earl y su letra por paredes, asfalto e incluso árboles. Un prometedor inicio que oscila entre el thriller, la comedia y el romance de una manera explosiva logrando generar lo que, en palabras del director, era: ‘Una experiencia total’. Un Edgar Wright que confesó sentirse preparado para presentar un producto tan ambicioso al fin, hay que recordar aquí que abandonó el proyecto ‘Ant Man’ por diferencias irreconciliables con el estudio.

La película, amén de la música y montaje, se apoya en un divertido y variado reparto que cuenta con un semi plastificado pero siempre solvente Kevin Spacey (no puedo evitar fijarme en su cúmulo de botox facial), un -algo- encasillado últimamente Jamie Foxx, unos muy macarras Jon Hamm (‘Mad Men’) y Jon Bernthal (‘Hermanos de sangre’ o ‘The Walking Dead’), o los diferentes atractivos de Lily James (la Cenicienta en plan colegiala) y la mexicana Eiza González (una auténtica ‘bad girl’).

Capítulo aparte dejo al protagonista, a Ansel Elgort, a quien conocimos junto a Shailene Woodley en ‘Bajo la misma estrella’ pero que ya había aparecido en films como ‘Hombres, mujeres y niños’ o ‘Carrie’ de 2013, y que se hizo más popular tras su coral aparición en la saga Divergente también con Shailene Woodley. Elgort ha sido criticado en ciertos sectores por su inexpresividad en el film, algo que sorprende cuando, precisamente, interpreta a un joven retraído en la palabra pero absolutamente extrovertido en sus habilidades al volante. Me cansa este estéril debate que se genera entorno a ciertas interpretaciones y no se valora si es ESO precisamente lo que se le pide: ¿no creen que si un actor cumple a la perfección con su personaje habría que, si no destacarlo al menos no denostarlo por ello? La magia del cine.

A pesar de todos los halagos -merecidos- que he pronunciado sobre el film no crean que he salido prendado de sus encantos. La película transita a buen ritmo aunque de manera repetitiva, hasta que en los últimos minutos el guion y su desenlace caen en el recurso fácil -a pesar de buscar sorprender- provocando en mí cierto disgusto (el tema cintas tampoco me complace). Ya saben: ‘Nadie es perfecto’.

Un film que seguro dejará una gran cantidad de euros en taquilla y que se presenta como un defendible film veraniego muy para gente joven. Eso sí, muy disfrutable en esta época y que deja una gran banda sonora muy revival tras de sí -esta sí indiscutible- con temas como el “Bellbottoms” de Jon Spencer Blues Explosion, ‘Baby’ de Carla Thomas, ‘Tequila’ de The Champs, ‘The Edge’ de David McCallum, ‘Nowhere to run’ de Martha Reeves and the Vandellas, ‘Egyptian reggae’ de Jonathan Richman & The Modern Lovers, ‘Hocus Pocus’ de Focus, ‘Baby Driver’ de Simon & Garfunkel o el ya mencionado “Harlem Shuffle” de Bob & Earl.

Texto: Alfonso Asín.

LO MEJOR: El montaje y la banda sonora. Su elevado ritmo.

LO PEOR: El desenlace y su guion algo repetitivo.

VALORACIÓN:

Fotografía: 6

Banda Sonora: 9

Interpretaciones: 6

Dirección: 7

Guión: 6

Satisfacción: 7

NOTA FINAL: 6,8

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