‘American Pastoral’: Adiós a la inocencia

 

Cuando escuchamos la palabra “pastoral” dos significados distintos pero con un origen etimológico común nos vienen a la cabeza. Uno de ellos hace referencia a un discurso o escrito que dirige un miembro de la jerarquía de la Iglesia a sus fieles con el propósito de guiarles espiritualmente. La otra acepción en la que pensamos es algún tipo de composición literaria, musical o pictórica que glose el mundo de los pastores. Después de meditar sobre ello no tengo claro con qué significado se queda “American Pastoral”, el debut en la dirección de Ewan McGregor, y por extensión la novela de Philip Roth que adapta el guión de la película del intérprete de “Trainspotting”.

Seymour Levov, apodado el “Sueco”, es el prototipo de buen chico. Nacido en el seno de una próspera familia judía de Newark reúne todos los elementos para triunfar en la vida y ser objeto de admiración y envidia por parte de sus vecinos y paisanos, el estudiante que destaca en todos los deportes que practica y que se casa con la reina de la belleza del lugar. Vuelve de la guerra y empieza a trabajar en el negocio familiar. La vida le sonríe y él devuelve la sonrisa: buen hijo, amante esposo, padre ejemplar, jefe comprensivo, respetuoso con la ley y con las opiniones de las personas que no piensan como él, tolerante… Pero cuando la tragedia le golpea la siente como esa bofetada a la América de los años 50, anestesiada por el bienestar económico y que esconde la cabeza ante la persecución ideológica, el incremento armamentístico, el racismo, etc. La conciencia de la sociedad despierta a la realidad mientras se van sucediendo hechos históricos como el asesinato de JFK, el de Martin Luther King, la guerra de Vietnam, las revueltas por disturbios raciales o la lucha por los derechos civiles. Es el golpe al sueño americano.

Con una trama tan ambiciosa, Ewan McGregor demuestra una gran valentía y animosidad para acometer su opera prima. En este punto es digno de encomio, pero también es su mayor debilidad, el lugar por donde empieza a hacer aguas. En una época de la historia estadounidense tan compleja como la que abarca la acción de “American pastoral”, los grandes acontecimientos que van marcando el devenir de un país están íntimamente ligados a la intrahistoria de sus gentes y sus familias, aquélla que no da titulares de prensa. El guión de John Romano, autor entre otros del interesante libreto de “El inocente”, no renuncia a contar el relato de esos años desde su origen, utilizando el mismo recurso narrativo de Philip Roth, el de un escritor que con los recuerdos propios y de otras personas reconstruye una historia mediante un flash back. Pero mientras la novela se erige más en un retrato de esa desintegración social, de cómo se van cuestionando los valores ideológicos y morales imperantes, la película de Ewan McGregor utiliza ese contexto social convulso como un fondo, el escenario sobre el que contar el drama de un padre y de un hombre que lo pierde todo: su hija, su familia, sus creencias… En el “Sueco” Levov viven los sueños rotos de muchos padres de aquella Norteamérica feliz e ingenua. Sin embargo, aunque en algún momento se cuestiona en qué se ha equivocado, el director británico lo exculpa. El cariño por “su” personaje le lleva a dibujarle como una víctima de las circunstancias sociales y familiares, alguien sin capacidad de elegir su destino, y, consecuentemente, sin voluntad de interferir mucho en él.

En ese intento de abarcar todo el tiempo histórico por el que discurre la novela se deja por el camino algunos pasajes que en los que se ven involucrados personajes secundarios de la trama, como el hermano del “Sueco”, la terapeuta o esa joven compañera de su hija Merry,  cuyas historias en muchos casos complementan la de la familia principal, dándole sentido a muchas cuestiones que en la película quedan sin explicar. Éste puede ser el caso de  la radicalización que sufre la hija en su forma de pensar, muy brusca y repentina, así como del sentimiento de odio que la propia Merry siente por su madre. Esta aparente falta de explicación de las motivaciones para los actos de la joven puede tener su origen en la voluntad de director y guionista de situar al espectador en la posición del “Sueco”, para que aquél experimente la misma situación de incertidumbre e inquietud que sufren los padres de Merry, y reafirmaría el punto de vista del personaje de Ewan McGregor que, desde el principio, adopta el guión.

El actor metido a director se reserva el papel principal de la función, el del “Sueco”, y junto a él un grupo de intérpretes que le dan réplica acertadamente: Jennifer Connelly es su esposa, sufriente y doliente madre y ama de casa un tanto peculiar; Dakota Fanning, la niña de “Yo soy Sam”, ha crecido y no desentona como Merry, la hija del matrimonio Levov. El suyo es un papel que no le exige mucho, pero cumple. Además de un diseño de producción que cumple con lo que se espera de una película de estas características, otro aspecto a destacar es la magnífica partitura compuesta por el francés Alexandre Desplat, que ilustra a la perfección la tragedia familiar del “Sueco” Levov.

No deja de resultar curioso que un proyecto de la envergadura de llevar a la pantalla un libro que pretende ser el gran fresco de la Norteamérica de la segunda mitad del siglo XX se le encargue a un actor/director británico, como si sólo alguien ajeno a esa cultura y esa época pudiese leer los hechos con subjetividad. No ha sido así, por cuanto, como ya se ha dicho, McGregor ve la historia con los ojos del protagonista principal. En cualquier caso, cuando se adapta una novela de estas características quizás lo más aconsejable es seleccionar un pasaje de la historia como hicieron  Elia Kazan en “Al este del Edén” o John Huston en “Dublineses”, porque quien mucho abarca, poco aprieta.

Texto: Alberto Garrido.

LO MEJOR: Intentar comprender cómo se desvanece una ilusión colectiva y cómo madura un pueblo.

LO PEOR: Quedarse sólo en el intento; el desarrollo de algunos personajes secundarios pero importantes para la trama.

VALORACIÓN:

Banda sonora: 8

Fotografía: 8

Interpretación: 7

Guión: 6

Dirección: 6

Satisfacción: 7

NOTA FINAL: 7

 

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